Las evidencias de la necesidad de poner en marcha un proceso de descarbonización en todos los ámbitos de nuestra sociedad, desde la generación de electricidad hasta el sector industrial son cada vez más contundentes.

A medida que avanza el siglo y se observa que la temperatura media terrestre sigue aumentando, que los fenómenos meteorológicos son cada vez más extremos y que el Cambio Climático continúa su curso de forma inexorable, se hace evidente que, si queremos poner remedio a este problema antes de que sea demasiado tarde, es necesario actuar con firmeza y determinación.

En este artículo se desarrollarán los conceptos que han llevado a SinCeO2 a ser una empresa líder del sector de la descarbonización y cómo únicamente con una planificación a largo plazo se obtendrán  los resultados necesarios para paliar la crisis del clima.

La inquietud general es patente, la duda está en cómo llevarla a cabo. Hay soluciones rápidas, cambios lumínicos, variadores de frecuencia, … pero ¿y si se nos acaban las ideas? ¿en qué momento el tiempo que tenemos que dedicar a buscar soluciones menos contaminantes es mayor que los beneficios obtenidos? ¿Qué se mueve alrededor?

En la Ley de Cambio Climático y Transición Energética publicada el 21 de mayo de 2021 se establece un marco regulatorio y una serie de objetivos a cumplir por el país en materia de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Concretamente, tal y como queda recogido en el PNIEC, en el año 2030 el volumen de emisiones del conjunto de la economía española debe ser un 23% menor de su nivel en 1990, y para el año 2050 el objetivo es aún más ambicioso, ya que se pretende que para esa fecha España alcance la neutralidad climática, además de tener un sistema eléctrico basado en su totalidad en energías renovables.

Esta tendencia hacia la descarbonización también se está dando en la Unión Europea, donde se están impulsando medidas en esa dirección. La Comisión Europea ha elevado el objetivo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2030 del 40% al 55% con respecto al año 1990, en un claro intento de facilitar el objetivo comunitario de alcanzar la neutralidad climática en 2050.

Además se pretende que esto estimule la creación de puestos de trabajo en el sector medioambiental y que ofrezca más seguridad a políticos e inversores para que sus decisiones vayan en línea con el objetivo de 2050.

Para alcanzar esta meta será necesario el compromiso y la voluntad de transformación de todos los estamentos de la sociedad, especialmente de aquellos sectores más implicados en la emisión de gases de efecto invernadero, que según Eurostat en el año 2018 en la Unión Europea eran los siguientes:

Emisiones de GEI por sectores. Fuente Eurostat

A pesar de que la legislación está avanzando mediante, por ejemplo, los Reales Decretos 390/2021 y 56/2016 donde se establecían obligaciones de certificación energética y auditorías energéticas respectivamente, o mediante la obligación a los consumidores electrointensivos de adoptar la ISO 50001; para obtener un cambio estructural es necesario ir más allá.

Por ello la mejor opción es la realización de un Plan Estratégico que aporte una visión global de la situación actual de la empresa y que llegue a un alto grado de detalle en las medidas a adoptar.

Algunos de los lectores pueden estar preguntándose:”¿Cuál es la diferencia entre este Plan Estratégico y el estudio de Huella de Carbono o las auditorías energéticas que llevo realizando en mi empresa durante los últimos años?” y esta es una duda muy razonable, pues, en principio, persiguen un objetivo muy similar, ser más eficientes, estar más concienciados sobre el impacto que nuestras actividades tienen sobre el medio ambiente y, en definitiva, ser más sostenibles a la par que se cumplen con las obligaciones establecidas en la legislación.

Sin embargo, a pesar de que tanto el cálculo de la Huella de Carbono como las auditorías energéticas son actuaciones efectivas y de gran utilidad, no dejan de ser medidas puntuales y, en ciertos casos, destinadas a cumplir objetivos cortoplacistas.

Este Plan Estratégico para la Descarbonización consiste en una visión integral de la situación de la empresa, donde se formularán los objetivos concretos del Plan, con paso corto y vista larga, se definirán líneas base de referencia para el control y seguimiento anual, y se alinearán las líneas de actuación y las medidas con las metas y  objetivos definidos.

Es de vital importancia que estas actuaciones estén basadas en mediciones tanto puntuales como continuas, que se nutran de un profundo conocimiento del proceso productivo para lograr optimizar el mismo de la forma más eficaz posible y que el periodo de amortización de la inversión a realizar esté basado en los presupuestos reales de la empresa. Solo así se alcanzará el grado de detalle necesario para proponer una serie de mejoras y alternativas totalmente personalizadas y que se adecúen a las posibilidades tanto financieras como productivas de la compañía. Esto no sería posible sin los 14 años de experiencia que acumulamos en estudios de sostenibilidad, eficiencia energética, cálculo de Huella de Carbono y gestión energética, que nos han permitido desarrollar este método que consideramos es el más eficaz para conseguir, a largo plazo, disminuir lo máximo posible las emisiones asociadas a cualquier empresa.

El Plan Estratégico se lleva a cabo en tres fases:

  • Fase I: Contexto organizacional, análisis y diagnóstico: se realiza un profundo análisis externo, donde se estudia el marco regulatorio de aplicación, un benchmarking sectorial y local así como los riesgos asociados a los que podamos estar expuestos, e interno, que permite recabar toda la información de utilidad para elaborar la línea base energética de la empresa y determinar su huella de carbono actual, así como la identificación de los puntos críticos y de mayor sensibilidad.
  • Fase II: Desarrollo del Plan Estratégico de Descarbonización: se estudian las medidas de ahorro y eficiencia energética, se crea un modelo de gestión basado en la optimización de recursos, el cambio a fuentes energéticas bajas en carbono o la definición de estrategias de compensación y se establece el cuadro de mando de control y seguimiento entre otras actuaciones.
  • Fase III: Implantación y Comunicación: se definen las tareas y el calendario y se fijan los responsables de llevarlo a cabo y velar por su cumplimiento.

De este modo se garantiza que, siguiendo el Plan, cualquier empresa tendrá las herramientas necesarias para alcanzar sus objetivos a corto, medio y largo plazo en materia de descarbonización, y, así, podrá aprovechar las ayudas del plan Next Generation, estará en línea con la nueva legislación además de estar en posición de atraer a nuevos inversores, que cada vez valoran más el compromiso medioambiental de las empresas.

Queda demostrado en el estudio de PwC “Global Private Equity Responsible Investment Survey 2021” en el que han participado 209 firmas de capital privado de 35 países. En ella el 65% declararon haber desarrollado políticas de inversión responsable o medioambiental así como las herramientas para implementarlas. Además, el 72% de los encuestados examinan siempre a las empresas objetivo en busca de riesgos y oportunidades medioambientales en la etapa previa a la adquisición. Adicionalmente, se observa que la preocupación por este ámbito sigue una tendencia al alza, como demuestra el dato de que en el 56% de las reuniones de junta directiva se trata el medioambiente como parte de la agenda más de una vez al año frente al 35% del año 2019.

Sin embargo, no solo el sector financiero ha desviado su punto de vista hacia la importancia de actuar contra el cambio climático. La opinión pública cada vez demanda más acción y más compromiso de sus gobernantes e industrias, como demuestra la encuesta llevada a cabo por el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas sobre Cambio Climático,  que contó con las respuestas de población de 50 países. En ella, el 72% de las personas encuestadas en Europa Occidental y Norte América consideraban que el cambio climático es una emergencia global. Además, el 61% de los encuestados en estas regiones pensaba que es necesario invertir más en empresas y trabajos verdes. A pesar de esto, el término descarbonización aún es parcialmente desconocido, como demuestra una encuesta realizada por Oracle donde el 63% de los consumidores de EEUU, UK, Francia, Canadá y España declararon no haber escuchado el término nunca. Por tanto, se hace necesario continuar concienciando sobre su importancia a la hora de mitigar los efectos del Cambio Climático.

La Descarbonización ha venido para quedarse, se ha convertido en una exigencia, una forma nueva de actuar y por lo tanto tiene que estar en el eje vertical de la empresa. Es necesario realizar un Plan Estratégico global a 2050 para tener clara la visión y así definir las metas y objetivos a cumplir a corto y medio plazo.